Marta esta sentada a la vera del camino. En el papel que lleva en sus manos no hay más que una mancha que parece ser de chocolate reseco. Siente los labios resecos al contacto son su lengua.
Aún no recuerda nada. En sus memoria hay un espacio inerte, como un hueco en una carretera plana.
Se esfuerza por traer de nuevo a su memoria los hechos pasados pero el esfuerzo sólo le produce un intenso dolor en el temporal izquierdo. Mira hacia a ambos lados del camino y siente que este movimiento lo ha hecho ya miles de veces.
Se levanta y comienza a dar vueltas en circulos al rededor del árbol de caucho que la sostiene. Se pregunta dónde está y cuánto tiempo habrá pasado desde que recuerda haber despertado la última vez...pero, acaso en realidad habrá despertado antes?
Busca entre sus bolsillos y sólo puede sentir la tierra acumulada de varios días. Hace cuánto estará ahí se pregunta y dónde estará?
No puede siquiera recordar en qué parte crecen los árboles de caucho, debe ser en la selva, se dice a sí misma.
Siente las manos entumecidas y las cruza de manera que le queden debajo de los brazos para evitar que se le sigan enfriando. Es extraño, un árbol de caucho, un camino en la selva, hace sol y tiene frio? Nada parece tener sentido para Marta...claro, sie es que ese es su nombre,porque ahora que lo recuerda...no se siene muy segura.
Decide por un instante alejarse de su refugio y se avienta al camino para conseguir por lo menos una fruta que comer aunque siente que aún no tiene hambre.
Es extraño, desde que abrió los ojos siente como si el tiempo se hubiera detenido y las hojas de los árboles no se movieran.
Camina un largo trayecto hacia adelante, mirando para atrás a cada paso que da para corroborar que el árbol de caucho siga en su sitio.
Mientras camina va contando pasos 1, 2, 3... 100...ya ha andado bastante y el paisaje es el mismo.
Marta comienza a asustarse pues deduce que ya debe haber pasado más de tres hora desde que despertó y aú no ha encontrado ni un animal en el camino.
A medida que avanza, siente una aprensión en el pecho, como un mal presagio.
en una de las vueltas del camino encuentra la respuesta.
Tirado a la vera junto a un árbol de caucho distingue su cuerpo inerte en el punto máximo de la putrefacción. Los ojos vidriosos, las manos huesudas,la boca sin labios en una mueca nauseabunda. Junto al cuerpo en descomposición na servilleta con restos de chocolate cubierto de hormigas también muertas.
Ahora lo recuerda todo!
Fue su madre, cuando al encontrarla en la cama sometida por su padrastro quiso vengarse de él envenenando los chocolates de la caja que él guardaba celosamente en la alacena.
Pero Marta...Marta era su madre...Ana..ella los había econtrado y se los había comido uno a uno para que cuando el viejo los encontrara se llenara de cólera y así ella pudiera burlarse de él, para sentir por lo meos una satisfacción de venganza.
A sus doce años, Ana jamáshubiera podido pensar en otra cosa.
Tomó los chocolates y salió corriendo de la casa atragantándose el último cuando su madre la sorprendió en la cocina y comenzó a gritarla y a pedirle que los vomitara y los dejara...pero ya era muy tarde.
A la vera del camino y luego de haber caminado por tres horas, Ana se sintió fatigada y se recostó junto al árbol que ahora le sierve de lecho.
Su corazón se oprime pero siente que aún tiene algo pendiente en este mundo; por eso recoje su servilleta, respira y se sienta a la vera del camino a esperar que llegue el momento apropiado para ayudar a su madre a terminar su venganza
sábado, 20 de diciembre de 2008
Te amo
En este instante te amo. Con la fuerza de las tormentas y la calma de los cielos estrellados.
Te amo en la soledad y en el silencio.
Te amo en el ayer que se pasa y en el mañana que aún no llega.
Aquí te amo.
En este espacio que ha dejado de ser mío; en el río que no calla y el la lluvia que no cesa.
Te amo en el grito y el llanto.
Ahora te amo. Cuando la noche pesa sore mis hombros como una cruz de hierro.
En el momento en que las flores abren sus pétalos al viento.
Vivo este sueño de amores circundantes, porque sé que allá donde el mar y el cielo se unen, estará tu amor para mi por toda la eternidad
Te amo en la soledad y en el silencio.
Te amo en el ayer que se pasa y en el mañana que aún no llega.
Aquí te amo.
En este espacio que ha dejado de ser mío; en el río que no calla y el la lluvia que no cesa.
Te amo en el grito y el llanto.
Ahora te amo. Cuando la noche pesa sore mis hombros como una cruz de hierro.
En el momento en que las flores abren sus pétalos al viento.
Vivo este sueño de amores circundantes, porque sé que allá donde el mar y el cielo se unen, estará tu amor para mi por toda la eternidad
martes, 25 de noviembre de 2008
Quiero
Quiero que me mires como sólo tú me miras...
Quiero que me beses con tus labios que no conozco...
Quiero que me ames con la fuerza de mil soles...
Quiero que te entregues como el sol al crepúsculo...
Quiero que me pidas aún lo que no puedo darte...
Quiero tu amor en cada caricia...tu pasión en cada madrugada...
Querio hacerme tuya a cada instante...hacerte mío hasta extasiarme...
Quiero calentar tu cuerpo con el calor del mío y dejar mi sabor en tí...
Quiero tu aroma pegado a mis sentidos y tu corazón a mi alma...
Quiero....
Sólo te quiero!!!
Quiero que me beses con tus labios que no conozco...
Quiero que me ames con la fuerza de mil soles...
Quiero que te entregues como el sol al crepúsculo...
Quiero que me pidas aún lo que no puedo darte...
Quiero tu amor en cada caricia...tu pasión en cada madrugada...
Querio hacerme tuya a cada instante...hacerte mío hasta extasiarme...
Quiero calentar tu cuerpo con el calor del mío y dejar mi sabor en tí...
Quiero tu aroma pegado a mis sentidos y tu corazón a mi alma...
Quiero....
Sólo te quiero!!!
Aqui...
para ti...ke has llenado mi vida con el color de la esperanza!!!
No te he olvidado..
Cómo olvidarte si estas en cada gota de lluvia que cae en la ventana;
si estas en cada grano de arena que pisan mis pies en la playa morena de tu piel;
si eres tan infinito como el azul que puedo ver más allá del horizonte...cómo olvidarte?
Cuando caen las hojas paseadas por el viento te recuerdo...
Cuando abren las amapolas sus pétalos en las mañanas a la vera de mi casa...
Cuando elevo mi canto al cielo cual poeta...cuando rezo por tí...cuando te lloro!!
No te he olvidado....
Aunque mis manos se entumezcan y al alma no me cante palabras y poemas...
Aunque reemplace mil te amos por un te quiero...
Porque te amo...porque te quiero....porque te sueño...no te he olvidado!!!
No te he olvidado..
Cómo olvidarte si estas en cada gota de lluvia que cae en la ventana;
si estas en cada grano de arena que pisan mis pies en la playa morena de tu piel;
si eres tan infinito como el azul que puedo ver más allá del horizonte...cómo olvidarte?
Cuando caen las hojas paseadas por el viento te recuerdo...
Cuando abren las amapolas sus pétalos en las mañanas a la vera de mi casa...
Cuando elevo mi canto al cielo cual poeta...cuando rezo por tí...cuando te lloro!!
No te he olvidado....
Aunque mis manos se entumezcan y al alma no me cante palabras y poemas...
Aunque reemplace mil te amos por un te quiero...
Porque te amo...porque te quiero....porque te sueño...no te he olvidado!!!
viernes, 3 de octubre de 2008
Pesadillas
Te cuento una historia?
Érase una vez un cielo inundado de estrellas inmersas en un universo unido por los delgadísimos hilos del amor. Allí batían cien mariposas sus alas convertidas en rosas.
Caminaban los sueños agrrados de la mano sobre un piso de ilusiones construidas con los ladrillos de las promesas...pero al fin y al cabo...promesas...
Se nutrían con las banaliades que el timpo echaba al viento y las recogían los poetas...
Pero las ilusiones han ido desapreciendo como las monarcas que ya no pasan en los veranos por mi ventana...
Ya o espernada...sólo espero...espero...espero......
Espero a que esta desilusión sólo sea una ilusión!!!!
Érase una vez un cielo inundado de estrellas inmersas en un universo unido por los delgadísimos hilos del amor. Allí batían cien mariposas sus alas convertidas en rosas.
Caminaban los sueños agrrados de la mano sobre un piso de ilusiones construidas con los ladrillos de las promesas...pero al fin y al cabo...promesas...
Se nutrían con las banaliades que el timpo echaba al viento y las recogían los poetas...
Pero las ilusiones han ido desapreciendo como las monarcas que ya no pasan en los veranos por mi ventana...
Ya o espernada...sólo espero...espero...espero......
Espero a que esta desilusión sólo sea una ilusión!!!!
miércoles, 24 de septiembre de 2008
Mio
Tengo cinco minutos libres en el alma para rodearte con mi amor eterno...
Para decirte que eres mío en la oscuridad y en las sombras...
Para que sepas que te amarro a mis espacios...tus espacios...
Tengo poco tiempo para soltarte las riendas en la frontera de mis ojos...
Para que me escuches...para que te abrace...
Tengo todo el tiempo para que sepas que no serás de más nadie,porque mi amor por ti te envuelve...proque está hecho del aire!!!
Para decirte que eres mío en la oscuridad y en las sombras...
Para que sepas que te amarro a mis espacios...tus espacios...
Tengo poco tiempo para soltarte las riendas en la frontera de mis ojos...
Para que me escuches...para que te abrace...
Tengo todo el tiempo para que sepas que no serás de más nadie,porque mi amor por ti te envuelve...proque está hecho del aire!!!
viernes, 12 de septiembre de 2008
Beyond the distance!!
Más allá de tus manos que no me tocan tengo tu sonrisa que me atrapa...
Más allá de tus labios tengo tu corazón que cubre mis silencios...
Más allá de mis ojos inertes tienes mi absoluto pensamiento..
Más allá de mis besos te he entregado desnuda mi alma...mis secretos.
Más allá del futuro hay un presente de amores que se renuevan con el sol de mil veranos...
Más allá de los despertares, veo los sueños de tu vida convertirse en realidades por mi amor...
Porque mi amor es tan grande...que no podrías verlo aún...más allá!!!
Más allá de tus labios tengo tu corazón que cubre mis silencios...
Más allá de mis ojos inertes tienes mi absoluto pensamiento..
Más allá de mis besos te he entregado desnuda mi alma...mis secretos.
Más allá del futuro hay un presente de amores que se renuevan con el sol de mil veranos...
Más allá de los despertares, veo los sueños de tu vida convertirse en realidades por mi amor...
Porque mi amor es tan grande...que no podrías verlo aún...más allá!!!
lunes, 8 de septiembre de 2008
Je T'a!Me!!!!
El sol se rueda en la ventana blanca cuando cae la tarde y arde en mis ojos como brasas vivas.
Hay un segundo suspendido en la distancia del tiempo,un segundo de recuerdos..de memorias.
La fuerza interminable del olvido quiere arrancarme los sueños pero las manos de tu corazón me atan para que no me evapore con las tristezas.
Vivo sin prisas este momento preñado de amor y sinsabores. Te busco en la tierra y en el horizonte y te encuentro flotando en mis besos y en mis manos.
Eres la luna que sale en la noche oscura a alumbrarme el camino desierto de lamentos.
Te grito mil te quieros con esta fuerza del corazón que sólo tú conoces.
Es vano el deseo, la piel...mi necesidad de tí se aproxima a la fe...transparente, y, aunque aveces intangible, también omnipresente.
Para darte lo que soy ... no bastan mil te amo!!
Hay un segundo suspendido en la distancia del tiempo,un segundo de recuerdos..de memorias.
La fuerza interminable del olvido quiere arrancarme los sueños pero las manos de tu corazón me atan para que no me evapore con las tristezas.
Vivo sin prisas este momento preñado de amor y sinsabores. Te busco en la tierra y en el horizonte y te encuentro flotando en mis besos y en mis manos.
Eres la luna que sale en la noche oscura a alumbrarme el camino desierto de lamentos.
Te grito mil te quieros con esta fuerza del corazón que sólo tú conoces.
Es vano el deseo, la piel...mi necesidad de tí se aproxima a la fe...transparente, y, aunque aveces intangible, también omnipresente.
Para darte lo que soy ... no bastan mil te amo!!
viernes, 29 de agosto de 2008
REVIVIR
A mi Romeo....
Con mirarte sé que existes y estás pegado a mi corazón como el sol al cielo.
Te quiero tan inexplicablemente como se cree en Dios por la fe.
Vivo en tus ojos aunque el futuro esté lejano...
Vives en los míos porque aunque no hubieras existido yo te hubiera amado...
Alejas a la soledad con tu sonrisa aunque estés tan lejos.
Te quiero para siempre, y para ahora...
Pongo en tus manos mi corazón triste y revive como las mariposas en crisálida.
Te quiero...así...te quiero...
Estás atado a mi cintura aún en tu silencio...
Yo no puedo alcanzarte el cielo...pero te regalo envueltos en la luna mis amapolas...mi amor eterno.
Con mirarte sé que existes y estás pegado a mi corazón como el sol al cielo.
Te quiero tan inexplicablemente como se cree en Dios por la fe.
Vivo en tus ojos aunque el futuro esté lejano...
Vives en los míos porque aunque no hubieras existido yo te hubiera amado...
Alejas a la soledad con tu sonrisa aunque estés tan lejos.
Te quiero para siempre, y para ahora...
Pongo en tus manos mi corazón triste y revive como las mariposas en crisálida.
Te quiero...así...te quiero...
Estás atado a mi cintura aún en tu silencio...
Yo no puedo alcanzarte el cielo...pero te regalo envueltos en la luna mis amapolas...mi amor eterno.
lunes, 25 de agosto de 2008
CIEN ROSAS...
He decidido empezar a derramar las lágrimas de tu recuerdo.
Van rodando gota a gota como arañas negras sobre la hoja del alma.
Ahora no sé bien si fuiste sólo un espejismo...pero me duele pensarte y saberte tan lejano...
El dolor es real...como el golpe de las olas en la orilla.
Es extraño el extrañarte, esto de querer verte...sin haberte visto; esto de tocarte sin tocarte; esto de sentirte...
La felicidad es vana y cambiante, ligera y fugaz como las fases de la luna...luna...
Te estoy odiando tanto como pude amarte...con tanto dolor como el que causa la herida de las espinas de cien rosas...
Y sé...que no puedo odiarte, Porque mientras más te odio, más te pienso, más te extraño...más te quiero...aunque no lo merezcas o aunque no te merezca...
Mis ojos son dos ventanas al aire llenos de gotitas de lluvia que amenazan con desatar tempestuosas tormentas...
Tu engaño desató el huracán que hace días pasó por tu puerta...
¿No me viste? En los relámpagos o en las ráfagas de viento?
De nuevo me invade la trsiteza que siempre se cuela en el insomnio...
Sé que cuando me recuerdes, te verás en estas lágrimas que estoy derramando...porque son tuyas y lo sabes...te las regalo...
Las dejo junto a los cien besos que no me diste, junto a los cien abrazos....
Van rodando gota a gota como arañas negras sobre la hoja del alma.
Ahora no sé bien si fuiste sólo un espejismo...pero me duele pensarte y saberte tan lejano...
El dolor es real...como el golpe de las olas en la orilla.
Es extraño el extrañarte, esto de querer verte...sin haberte visto; esto de tocarte sin tocarte; esto de sentirte...
La felicidad es vana y cambiante, ligera y fugaz como las fases de la luna...luna...
Te estoy odiando tanto como pude amarte...con tanto dolor como el que causa la herida de las espinas de cien rosas...
Y sé...que no puedo odiarte, Porque mientras más te odio, más te pienso, más te extraño...más te quiero...aunque no lo merezcas o aunque no te merezca...
Mis ojos son dos ventanas al aire llenos de gotitas de lluvia que amenazan con desatar tempestuosas tormentas...
Tu engaño desató el huracán que hace días pasó por tu puerta...
¿No me viste? En los relámpagos o en las ráfagas de viento?
De nuevo me invade la trsiteza que siempre se cuela en el insomnio...
Sé que cuando me recuerdes, te verás en estas lágrimas que estoy derramando...porque son tuyas y lo sabes...te las regalo...
Las dejo junto a los cien besos que no me diste, junto a los cien abrazos....
martes, 12 de agosto de 2008
AeZm
Me haces feliz. Cuando estas ahi y me sonries; cuando las tardes se hacen eternas y la soledad me envuelve en un manto de pesdo hastío.
Me haces feliz. Cuando se me agotan las sonrisas y me llega pesado el silencio inquebrantable.
Me haces felíz. Cuando me recuerdas que no hay nada que no pueda lograr con mi voluntad, que el amor vale la pena y que la impotencia no es sólo sexual...
Me haces felíz...porque puedo creer que aunque todo nos falle, aún hay personas que aman con el corazón!!!
Me haces feliz. Cuando se me agotan las sonrisas y me llega pesado el silencio inquebrantable.
Me haces felíz. Cuando me recuerdas que no hay nada que no pueda lograr con mi voluntad, que el amor vale la pena y que la impotencia no es sólo sexual...
Me haces felíz...porque puedo creer que aunque todo nos falle, aún hay personas que aman con el corazón!!!
viernes, 8 de agosto de 2008
Anhelos!!
Se marca la tarde en el reloj como en mi corazón los besos que no me has dado..
Quizá los labios no hablan el idioma que te gritan mis ojos...
Quizá las tormentas terminaron por borrar los espejos del mi alma sombría.
Siento en mi pecho palpitar el corazón como caballos en carrera, mis manos como flores buscan el arrullo del sol de tus ojos en verano...pero ha llovido y el cristal de hielo que cubre las hojas enfría tu corazón de piedra.
Te he visto desde lejos en las hojas de los árboles y en el correr del viento, en las eternas soledades de los lirios en el monte...
Tengo en mis ojos tus eternos ojos oscuros y te sé lejano de mis manos como a mi cuerpo del tuyo.
Abrázame los sueños y dejo que la música de tu risa me llene las esperanzas!!!
Quizá los labios no hablan el idioma que te gritan mis ojos...
Quizá las tormentas terminaron por borrar los espejos del mi alma sombría.
Siento en mi pecho palpitar el corazón como caballos en carrera, mis manos como flores buscan el arrullo del sol de tus ojos en verano...pero ha llovido y el cristal de hielo que cubre las hojas enfría tu corazón de piedra.
Te he visto desde lejos en las hojas de los árboles y en el correr del viento, en las eternas soledades de los lirios en el monte...
Tengo en mis ojos tus eternos ojos oscuros y te sé lejano de mis manos como a mi cuerpo del tuyo.
Abrázame los sueños y dejo que la música de tu risa me llene las esperanzas!!!
viernes, 1 de agosto de 2008
El ültimo día
La tarde se ha ido acercando de nuevo a la ventana a dejar su calor como recuerdo en las paredes de la casa de Adelaida.
Hace ya 15 años que vive ese mismo atardecer entre sábanas de algodón para evitar las laceraciones en la piel. Ya se cansó de esperar el milagro, la enmienda, aunque siga sintiendo que ha pagado su condena al abismo con los siete rosarios que reza en el día.
Adelaida no es feliz, nunca lo ha sido, ni aún cuando era dueña de uno de los negocios más prósperos de la época de oro de los burdeles en su ciudad aún pequeña.
Llora en silencio mientras vive la rutina de sus días sin fin, deseando que el seductor toque de la muerte se apiade de su cuerpo, porque su alma hace años que la abandonó para irse detrás del forastero que, según cuentan, le causó la desgracia que todos conocen.
Pero la desgracia de Adelaida no es la invalidez de su cuerpo. Tampoco lo es la comida que se pudre en la mesa de estar ni la suciedad de la última habitación donde la confinaron las ahora dueñas de la que antes fuera su casa.
Adelaida es desgraciada de nacimiento. Su abuela era puta, su madre era puta…y ese era su destino; lo demás…lo demás vino por añadidura. Lo demás es el pago que se merece por haber tratado de mirar más alto.
Ya se va acercando la hora en que empiezan a retumbar como campanas de Iglesia las palabras de su madre…tu destino está escrito, y todo lo que hagas para cambiarlo te hará perder el camino y en los otros caminos nunca sabes qué te puedes encontrar.
Si tan sólo le hubiera hecho caso a su madre que vivió cincuenta y ocho años bien vividos dando calor a unos brazos sedientos, escuchando lamentos y sirviendo de pañuelo de lágrimas de los más deprimidos.
Sí, es cierto que hubo noches en que gritaba y corría despavorida por los pasillos suplicando auxilio y renegando de una vida que no pidió vivir, pero luego aparecía otro cliente y con la plata en la mano todo se echaba a un lado. Por eso el diablo se la llevó rápido, porque no intentó ni por un segundo apartarse del camino.
Pero Adelaida fue diferente. Siempre esquiva corría por los pasillos cuando era niña, tratando de alejarse del bullicio y los gritos de placer que parecían llegar de todos los rincones de la casa. Se iba al cuarto de los trastes donde una que otra vez se encontró de frente con las lujuriosas parejas que no tenían tiempo de esperar una pieza desocupada. Entonces corría despavorida hacia el patio y allí veía desde lejos la habitación del otro lado, la que nadie quería, a la que le daba el sol toda la tarde y en la que-según contaban- se había muerto un soldado junto a su amante cuando el calor del sol y de las pasiones los habían hecho fundirse en uno solo y se habían derretido entre las sábanas de algodón que cubrían el catre de cuero. En esos momentos Adelaida juraba por todas sus muñecas que jamás pondría un pie en esa habitación.
Al recordarlo ahora, Adelaida sonríe y se imagina la mancha que dejaron los cueros derretidos y retorcidos, y los pelos achicharrados por el calor, y que debe estar debajo de las sábanas de algodón que cubren su cama.
Adelaida mira a un lado y recoge de la improvisada mesita de noche el rosario que le trajo el padre cuando la mujeres de la casa pensaron que se acercaba su hora y lo mandaron traer para que le aplicara los Santos Óleos a la casi difunta.
Respira profundo y espera que comience el bullicio que le anuncia que son las seis de la tarde.
Mientras espera cierra los ojos y empieza a proferir su pliego de peticiones; por el alma de su abuela-la más puta de todas y por culpa de la cual le había tocado ese destino-, por la de su madre, para que Dios la perdonara por no haberla regalado a las monjitas Carmelitas cuando ellas la ayudaron a parir, por su padre, quienquiera que haya sido, por el hermanito que sólo vio en sueños porque su madre no dejó que conociera el mundo, sólo Dios sabría si había tenido alma…por último, lo deja a él, porque cuando piensa en él las gotas de su propio llanto la ahogan.
Se llama Antonio, le dijo su madre ese día cuando la sorprendió espiando por encima de la baranda al muchacho que pasaba en un Ford Falcon Rojo por el frente del negocio en una de esas tardes en que el calor las hacía tomarse el día libre y creer que eran madre e hija.
¿Quién?, preguntó Adelaida, haciéndose la desentendida aún cuando bien conocía las vivezas de su madre. Sólo tenía catorce años y ya la calentura de su raza le cosquilleaba las entrañas.
Entonces se hizo amiga de todos en la calle. Con la curiosidad tácita propia de las mujeres averiguó la vida y la obra de Antonio, su padre era profesor de latín en un colegio de monjas, su madre era una señora muy encopetada de esas que solían pasearse sombrilla en mano por la glorieta del parque, aunque a ella le pareció más un ama de llaves por esos vestidos de medio luto que usaba.
Tenía dos hermanas gemelas que habían nacido de puro milagro y que se la pasaban encerradas en su cuarto soportando los calores propios de las mujeres que llegan a la madurez y no han conseguido marido…
Pero Antonio…él era perfecto. Alto, moreno, labios de rubí y ojos de esmeralda. Las cejas pobladas, redonda su cabeza. Los hombros anchos y los brazos fuertes. Las manos prolijas y la piel brillante bajo el sol.
Antonio sudaba a borbotones y en el pecho se le formaba unos surcos en donde encajaban perfectos los lánguidos dedos de Adelaida.
Ella lo buscó hasta encontrarlo…como la mala hora. La curiosidad la llevó a asomarse en la ventana del cuarto de Antonio en la casa grande, pero él no estaba. Lo esperó hasta la hora que cerraba su madre el negocio pues después iba a ser imposible entrar en la casa. Pero cuando se volvió, Antonio se volcó sobre su frágil cuerpo adolescente, le tapó la boca y, como envuelta en una nube la despojó de su virginidad intacta.
El brutal asalto acabó en un segundo y Adelaida lloró…de alegría.
Antonio se quedó con los calzones abajo y con la moral más debajo de ellos preguntándose cómo sería posible que ella, que pertenecía al grupo de las putas fuera virgen.
Y allí empezó todo. Las notas de amor le contaron a él la verdad de su vida. Iban y venían los besos robados en las esquinas y las presurosas noches de pasión en las que Adelaida terminaba asaltada por la risa porque le recordaba las parejas que encontraba de vez en cuando en el cuarto de los trastes.
Pero el tiempo tenía que pasar y pasó. Había llegado el momento de integrar a Adelaida al trabajo. Esa noche su madre subió a su cuarto, le dio el más hermoso de los vestidos y, como si fuera una más de sus muchachas le dijo que ya era hora que empezara a devolverle todo lo que le había dado.
Adelaida salió corriendo con el alma en un hilo esperando encontrar la solución a tragedia. Pero no la hubo; y esa noche Adelaida supo del dolor y la miseria, de la impotencia y del hastío. Esa noche Adelaida odió a su madre con todas sus fuerzas y pidió tanto por su castigo que logró ahogarla con su propio vómito enredada entre sus sábanas de seda.
No asistió a su sepelio, se vistió de fiesta y se emborrachó para celebrar su liberación. Corrió a la casa de Antonio dando tumbos por las aceras y se acercó a la iglesia a darle gracias a ese Dios que no conocía por haberse llevado a su madre. Pero, cuando iba subiendo las escaleras la escena que se presentaba ante sus ojos la paralizó por completo. Allí estaba Antonio, vestía de blanco y traía de su brazo, colgada como un arete, a esa mujer que ella había visto tantas veces en la sala de la casa de Antonio cuando ella pasaba corriendo hasta el patio para esperarlo entre las matitas de coral.
El mundo se partió en dos para Adelaida, sus ojos de niña enamorada se dilataron y comprendió su destino. Tomó su botella, la apretó contra su pecho y recogió sus pasos hasta la casa.
En el camino no se preguntó el porqué, ella ya lo sabía, no había que forzar al destino, y ella lo había forzado. Decidió tomar las riendas de su negocio y aceptar lo que era, para lo que había nacido: una puta.
Recibió a cuantos quisieron acostarse con ella, no era la dueña, era una más, quizá de las más baratas, de las más sucias. Se regalaba a todo aquel que se parecía a Antonio, y lloraba…de tristeza.
El día de su trigésimo cumpleaños se levantó, encendió un cigarrillo y al correr las cortinas de la casa lo vio en su terraza. Ahí estaba Antonio, embrutecido por el llanto y la borrachera, derrotado por su destino, con la piel curtida por el sol, las manos llagadas y los dedos sin uñas. La vida lo había tratado peor. Su corazón no le permitía seguir al lado de esa mujer de vientre frío, sin sueños ni ilusiones. Le prometió lo impensable y juntos planearon una vida en donde no existiera el pasado de ninguno de los dos.
Se subieron es su Ford Falcon rojo y tomaron un camino sin rumbo a la felicidad.
Pero el destino es el destino-decía su madre- los esperó el abismo profundo a donde seguramente se van las ilusiones de los desesperanzados y allí quedaron también sus esperanzas. Antonio murió al instante, y ella ni siquiera pudo llorar junto a él su partida.
Cuando despertó, Adelaida tenía en las manos un rosario de cuentas de nácar, no podía moverse, no podía hablar y había varios pares de ojos escrutando su miseria. Allí se enteró de la muerte de Antonio y de su lamentable estado. Tenía una parálisis permanente y seguramente le quedaba poco tiempo de vida…eso había dicho el médico.
De eso han pasado ya quince años. Adelaida abre ahora los ojos con la esperanza que este recuerdo haya hecho correr más rápido el tiempo; pero es justo el momento en el que comienza la bulla en la casa. Adelaida toma su rosario y canta…Dios te Salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo…y entonces comienza a arder Adelaida y unas manos prolijas la estrujan y se funde con un cuerpo ardiente con surcos en su pecho en el que sólo caben sus lánguidos dedos y se vuelven una mancha en el catre.
Hace ya 15 años que vive ese mismo atardecer entre sábanas de algodón para evitar las laceraciones en la piel. Ya se cansó de esperar el milagro, la enmienda, aunque siga sintiendo que ha pagado su condena al abismo con los siete rosarios que reza en el día.
Adelaida no es feliz, nunca lo ha sido, ni aún cuando era dueña de uno de los negocios más prósperos de la época de oro de los burdeles en su ciudad aún pequeña.
Llora en silencio mientras vive la rutina de sus días sin fin, deseando que el seductor toque de la muerte se apiade de su cuerpo, porque su alma hace años que la abandonó para irse detrás del forastero que, según cuentan, le causó la desgracia que todos conocen.
Pero la desgracia de Adelaida no es la invalidez de su cuerpo. Tampoco lo es la comida que se pudre en la mesa de estar ni la suciedad de la última habitación donde la confinaron las ahora dueñas de la que antes fuera su casa.
Adelaida es desgraciada de nacimiento. Su abuela era puta, su madre era puta…y ese era su destino; lo demás…lo demás vino por añadidura. Lo demás es el pago que se merece por haber tratado de mirar más alto.
Ya se va acercando la hora en que empiezan a retumbar como campanas de Iglesia las palabras de su madre…tu destino está escrito, y todo lo que hagas para cambiarlo te hará perder el camino y en los otros caminos nunca sabes qué te puedes encontrar.
Si tan sólo le hubiera hecho caso a su madre que vivió cincuenta y ocho años bien vividos dando calor a unos brazos sedientos, escuchando lamentos y sirviendo de pañuelo de lágrimas de los más deprimidos.
Sí, es cierto que hubo noches en que gritaba y corría despavorida por los pasillos suplicando auxilio y renegando de una vida que no pidió vivir, pero luego aparecía otro cliente y con la plata en la mano todo se echaba a un lado. Por eso el diablo se la llevó rápido, porque no intentó ni por un segundo apartarse del camino.
Pero Adelaida fue diferente. Siempre esquiva corría por los pasillos cuando era niña, tratando de alejarse del bullicio y los gritos de placer que parecían llegar de todos los rincones de la casa. Se iba al cuarto de los trastes donde una que otra vez se encontró de frente con las lujuriosas parejas que no tenían tiempo de esperar una pieza desocupada. Entonces corría despavorida hacia el patio y allí veía desde lejos la habitación del otro lado, la que nadie quería, a la que le daba el sol toda la tarde y en la que-según contaban- se había muerto un soldado junto a su amante cuando el calor del sol y de las pasiones los habían hecho fundirse en uno solo y se habían derretido entre las sábanas de algodón que cubrían el catre de cuero. En esos momentos Adelaida juraba por todas sus muñecas que jamás pondría un pie en esa habitación.
Al recordarlo ahora, Adelaida sonríe y se imagina la mancha que dejaron los cueros derretidos y retorcidos, y los pelos achicharrados por el calor, y que debe estar debajo de las sábanas de algodón que cubren su cama.
Adelaida mira a un lado y recoge de la improvisada mesita de noche el rosario que le trajo el padre cuando la mujeres de la casa pensaron que se acercaba su hora y lo mandaron traer para que le aplicara los Santos Óleos a la casi difunta.
Respira profundo y espera que comience el bullicio que le anuncia que son las seis de la tarde.
Mientras espera cierra los ojos y empieza a proferir su pliego de peticiones; por el alma de su abuela-la más puta de todas y por culpa de la cual le había tocado ese destino-, por la de su madre, para que Dios la perdonara por no haberla regalado a las monjitas Carmelitas cuando ellas la ayudaron a parir, por su padre, quienquiera que haya sido, por el hermanito que sólo vio en sueños porque su madre no dejó que conociera el mundo, sólo Dios sabría si había tenido alma…por último, lo deja a él, porque cuando piensa en él las gotas de su propio llanto la ahogan.
Se llama Antonio, le dijo su madre ese día cuando la sorprendió espiando por encima de la baranda al muchacho que pasaba en un Ford Falcon Rojo por el frente del negocio en una de esas tardes en que el calor las hacía tomarse el día libre y creer que eran madre e hija.
¿Quién?, preguntó Adelaida, haciéndose la desentendida aún cuando bien conocía las vivezas de su madre. Sólo tenía catorce años y ya la calentura de su raza le cosquilleaba las entrañas.
Entonces se hizo amiga de todos en la calle. Con la curiosidad tácita propia de las mujeres averiguó la vida y la obra de Antonio, su padre era profesor de latín en un colegio de monjas, su madre era una señora muy encopetada de esas que solían pasearse sombrilla en mano por la glorieta del parque, aunque a ella le pareció más un ama de llaves por esos vestidos de medio luto que usaba.
Tenía dos hermanas gemelas que habían nacido de puro milagro y que se la pasaban encerradas en su cuarto soportando los calores propios de las mujeres que llegan a la madurez y no han conseguido marido…
Pero Antonio…él era perfecto. Alto, moreno, labios de rubí y ojos de esmeralda. Las cejas pobladas, redonda su cabeza. Los hombros anchos y los brazos fuertes. Las manos prolijas y la piel brillante bajo el sol.
Antonio sudaba a borbotones y en el pecho se le formaba unos surcos en donde encajaban perfectos los lánguidos dedos de Adelaida.
Ella lo buscó hasta encontrarlo…como la mala hora. La curiosidad la llevó a asomarse en la ventana del cuarto de Antonio en la casa grande, pero él no estaba. Lo esperó hasta la hora que cerraba su madre el negocio pues después iba a ser imposible entrar en la casa. Pero cuando se volvió, Antonio se volcó sobre su frágil cuerpo adolescente, le tapó la boca y, como envuelta en una nube la despojó de su virginidad intacta.
El brutal asalto acabó en un segundo y Adelaida lloró…de alegría.
Antonio se quedó con los calzones abajo y con la moral más debajo de ellos preguntándose cómo sería posible que ella, que pertenecía al grupo de las putas fuera virgen.
Y allí empezó todo. Las notas de amor le contaron a él la verdad de su vida. Iban y venían los besos robados en las esquinas y las presurosas noches de pasión en las que Adelaida terminaba asaltada por la risa porque le recordaba las parejas que encontraba de vez en cuando en el cuarto de los trastes.
Pero el tiempo tenía que pasar y pasó. Había llegado el momento de integrar a Adelaida al trabajo. Esa noche su madre subió a su cuarto, le dio el más hermoso de los vestidos y, como si fuera una más de sus muchachas le dijo que ya era hora que empezara a devolverle todo lo que le había dado.
Adelaida salió corriendo con el alma en un hilo esperando encontrar la solución a tragedia. Pero no la hubo; y esa noche Adelaida supo del dolor y la miseria, de la impotencia y del hastío. Esa noche Adelaida odió a su madre con todas sus fuerzas y pidió tanto por su castigo que logró ahogarla con su propio vómito enredada entre sus sábanas de seda.
No asistió a su sepelio, se vistió de fiesta y se emborrachó para celebrar su liberación. Corrió a la casa de Antonio dando tumbos por las aceras y se acercó a la iglesia a darle gracias a ese Dios que no conocía por haberse llevado a su madre. Pero, cuando iba subiendo las escaleras la escena que se presentaba ante sus ojos la paralizó por completo. Allí estaba Antonio, vestía de blanco y traía de su brazo, colgada como un arete, a esa mujer que ella había visto tantas veces en la sala de la casa de Antonio cuando ella pasaba corriendo hasta el patio para esperarlo entre las matitas de coral.
El mundo se partió en dos para Adelaida, sus ojos de niña enamorada se dilataron y comprendió su destino. Tomó su botella, la apretó contra su pecho y recogió sus pasos hasta la casa.
En el camino no se preguntó el porqué, ella ya lo sabía, no había que forzar al destino, y ella lo había forzado. Decidió tomar las riendas de su negocio y aceptar lo que era, para lo que había nacido: una puta.
Recibió a cuantos quisieron acostarse con ella, no era la dueña, era una más, quizá de las más baratas, de las más sucias. Se regalaba a todo aquel que se parecía a Antonio, y lloraba…de tristeza.
El día de su trigésimo cumpleaños se levantó, encendió un cigarrillo y al correr las cortinas de la casa lo vio en su terraza. Ahí estaba Antonio, embrutecido por el llanto y la borrachera, derrotado por su destino, con la piel curtida por el sol, las manos llagadas y los dedos sin uñas. La vida lo había tratado peor. Su corazón no le permitía seguir al lado de esa mujer de vientre frío, sin sueños ni ilusiones. Le prometió lo impensable y juntos planearon una vida en donde no existiera el pasado de ninguno de los dos.
Se subieron es su Ford Falcon rojo y tomaron un camino sin rumbo a la felicidad.
Pero el destino es el destino-decía su madre- los esperó el abismo profundo a donde seguramente se van las ilusiones de los desesperanzados y allí quedaron también sus esperanzas. Antonio murió al instante, y ella ni siquiera pudo llorar junto a él su partida.
Cuando despertó, Adelaida tenía en las manos un rosario de cuentas de nácar, no podía moverse, no podía hablar y había varios pares de ojos escrutando su miseria. Allí se enteró de la muerte de Antonio y de su lamentable estado. Tenía una parálisis permanente y seguramente le quedaba poco tiempo de vida…eso había dicho el médico.
De eso han pasado ya quince años. Adelaida abre ahora los ojos con la esperanza que este recuerdo haya hecho correr más rápido el tiempo; pero es justo el momento en el que comienza la bulla en la casa. Adelaida toma su rosario y canta…Dios te Salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo…y entonces comienza a arder Adelaida y unas manos prolijas la estrujan y se funde con un cuerpo ardiente con surcos en su pecho en el que sólo caben sus lánguidos dedos y se vuelven una mancha en el catre.
Dedicatoria
Niña de ojos azules...diamante irrompible...inmensa arena de mar...
Delicada,crítica y misteriosa.
Llegaste al alma mía inesperada como una estrella fugaz.
Soy tu sombra y tu refugio.
La felicidad de mi espìritu habita en el amanecer de tus cabellos rubios y el cálido aliento de tu boquita rosada...
Tocas mis tristezs con tus manitas felices y todo se vuelve posible...
Viniste de lo profundo envuelta en un mar de silencios e incertidumbres provocando tormentas y diluvios de esperanzas y sueños...
Hay un futuro incierto...pero, tan cierto como incierto es el futuro es mi juramento de amor eterno.
Para la causa de todas mis alegrías...un TE AMO! del tamaño de mi corazón.
Delicada,crítica y misteriosa.
Llegaste al alma mía inesperada como una estrella fugaz.
Soy tu sombra y tu refugio.
La felicidad de mi espìritu habita en el amanecer de tus cabellos rubios y el cálido aliento de tu boquita rosada...
Tocas mis tristezs con tus manitas felices y todo se vuelve posible...
Viniste de lo profundo envuelta en un mar de silencios e incertidumbres provocando tormentas y diluvios de esperanzas y sueños...
Hay un futuro incierto...pero, tan cierto como incierto es el futuro es mi juramento de amor eterno.
Para la causa de todas mis alegrías...un TE AMO! del tamaño de mi corazón.
jueves, 31 de julio de 2008
A tí te ví..
Para Laura...un conejo en la luna...
Esta tarde he pensado en tí.
La culpa de no ser una tabla en el inmenso mar de tu tristeza me amarga los recuerdos.
Te vi solitaria y callada en el gato que maullaba a lo lejos, con tus ojos de cristal y tus sueños de cielos rotos.
Te vi como te recuerdo, pálida de futuros y preñada de silencios.
Te vi en el bullicioso correr de las gentes que se apresuran a devorarse los sexos plagados de hambres viejas y de ventanas oscuras.
Te vi en la tarde, caliente que se rehúsa a abandonar el día para dar paso a la noche fría...
Y he pensado en tí....
En cómo te fuiste sin penas ni glorias, sin besos ni despedidas.
En cómo luciría tu cuerpo de gloria entre las raíces de los árboles que cubren tu lecho...
En cómo son de inertes los días que han pasado y han borrado tus recuerdos...
En lo triste que debes sentirte cuando sabes que aún te falta una eternidad de silencio..
Leiha
Esta tarde he pensado en tí.
La culpa de no ser una tabla en el inmenso mar de tu tristeza me amarga los recuerdos.
Te vi solitaria y callada en el gato que maullaba a lo lejos, con tus ojos de cristal y tus sueños de cielos rotos.
Te vi como te recuerdo, pálida de futuros y preñada de silencios.
Te vi en el bullicioso correr de las gentes que se apresuran a devorarse los sexos plagados de hambres viejas y de ventanas oscuras.
Te vi en la tarde, caliente que se rehúsa a abandonar el día para dar paso a la noche fría...
Y he pensado en tí....
En cómo te fuiste sin penas ni glorias, sin besos ni despedidas.
En cómo luciría tu cuerpo de gloria entre las raíces de los árboles que cubren tu lecho...
En cómo son de inertes los días que han pasado y han borrado tus recuerdos...
En lo triste que debes sentirte cuando sabes que aún te falta una eternidad de silencio..
Leiha
LA GLOBALIZACIÓN: CONCEPTOS IEXPLICABLES,HECHOS REALES
¿Qué es la globalización? Esa es la pregunta. De ahí en adelante parte este ínfimo intento de cercanía que tendré con este término y su significado.
La teoría establece a la globalización como:” el proceso de la totalmente libre
circulación de mercancías, capitales y factores de la producción entre los países del mundo. Los países intercambiarían profusamente sus producciones, a los que le sobra capital lo invertirían en los países que tengan mayor escasez del mismo y lo remuneren mejor y todos los factores circularían sin barreras entre las fronteras nacionales. Se daría un proceso de convergencia en las remuneraciones de los factores y en el crecimiento económico de los países. Habría una sola moneda en el mundo llamada The Globe.”
Pero, ¿cómo se explica la complejidad que subyace en este pulular de términos para personas como el señor Álvaro, que, sentado en la rotonda del parque de la Catedral en una de tarde amenazada por la lluvia discute con otros las noticias internacionales?
Es de seguro fácil par filósofos, economistas y grandes pensadores divagar sobre la globalización y sus derivados, igual que es para el alfarero manipular el oro, pues, al fin y al cabo, ese es su trabajo.
No obstante, el mundo no está lleno de científicos, ideólogos o filósofos, y a pesar de esto, se pretende que la población mundial, nacional y local esté a la vanguardia de la globalización.
Sin embargo está sucediendo, y no es debido a una suerte de casualidades que el hombre y la mujer cordobeses, que en este caso nos ocupan, están siendo permeados por este fenómeno.
La razón-señor Álvaro- es simple. Si bien la globalización para muchos de nosotros podría significar muy poco por no decir nada, lo cierto es que se ha introducido en cada aspecto de nuestras vidas.
Déjeme explicarlo. Sabe usted señor Álvaro, cuántas personas se van del país gracias a los llamados matrimonios virtuales?
O, sabía que es posible que tanto usted como yo podemos hablar con alguien que vive a más de 5.000 km de distancia?
O, alejándonos un poco del aspecto tecnológico, sabe usted a qué se debe que en Japón sepan que es dólar decayó en Colombia, o que aquí probemos e mismo sabor de Coca-cola que en Taiwán?
Esto es, señor Álvaro, debido a la globalización, este fenómeno que permite a países y personas estar conectados unos con otros bajo conocimientos mutuos y que nos deja opinar sobre la invasión estadounidense en Irak o sobre el conflicto con Corea del norte. Es la que nos permite probar comidas como el Sushi, sin necesidad de viajar hasta el Oriente.
Todo lo anterior, más la libertad de las transnacionales de entrar en todos los países y mantenerse al margen de las políticas de estado, y, también la liberación de aranceles y la creación de entidades globales que tienen de una u otra manera inclusión en al toma de nuestras decisiones gubernamentales.
Esta es, señor Álvaro, mi más cercana aproximación. La globalización no es más que la posibilidad de estar en el mundo, y de tener al mundo en nuestras manos.
Leiha
Una mirada al undo real....
La teoría establece a la globalización como:” el proceso de la totalmente libre
circulación de mercancías, capitales y factores de la producción entre los países del mundo. Los países intercambiarían profusamente sus producciones, a los que le sobra capital lo invertirían en los países que tengan mayor escasez del mismo y lo remuneren mejor y todos los factores circularían sin barreras entre las fronteras nacionales. Se daría un proceso de convergencia en las remuneraciones de los factores y en el crecimiento económico de los países. Habría una sola moneda en el mundo llamada The Globe.”
Pero, ¿cómo se explica la complejidad que subyace en este pulular de términos para personas como el señor Álvaro, que, sentado en la rotonda del parque de la Catedral en una de tarde amenazada por la lluvia discute con otros las noticias internacionales?
Es de seguro fácil par filósofos, economistas y grandes pensadores divagar sobre la globalización y sus derivados, igual que es para el alfarero manipular el oro, pues, al fin y al cabo, ese es su trabajo.
No obstante, el mundo no está lleno de científicos, ideólogos o filósofos, y a pesar de esto, se pretende que la población mundial, nacional y local esté a la vanguardia de la globalización.
Sin embargo está sucediendo, y no es debido a una suerte de casualidades que el hombre y la mujer cordobeses, que en este caso nos ocupan, están siendo permeados por este fenómeno.
La razón-señor Álvaro- es simple. Si bien la globalización para muchos de nosotros podría significar muy poco por no decir nada, lo cierto es que se ha introducido en cada aspecto de nuestras vidas.
Déjeme explicarlo. Sabe usted señor Álvaro, cuántas personas se van del país gracias a los llamados matrimonios virtuales?
O, sabía que es posible que tanto usted como yo podemos hablar con alguien que vive a más de 5.000 km de distancia?
O, alejándonos un poco del aspecto tecnológico, sabe usted a qué se debe que en Japón sepan que es dólar decayó en Colombia, o que aquí probemos e mismo sabor de Coca-cola que en Taiwán?
Esto es, señor Álvaro, debido a la globalización, este fenómeno que permite a países y personas estar conectados unos con otros bajo conocimientos mutuos y que nos deja opinar sobre la invasión estadounidense en Irak o sobre el conflicto con Corea del norte. Es la que nos permite probar comidas como el Sushi, sin necesidad de viajar hasta el Oriente.
Todo lo anterior, más la libertad de las transnacionales de entrar en todos los países y mantenerse al margen de las políticas de estado, y, también la liberación de aranceles y la creación de entidades globales que tienen de una u otra manera inclusión en al toma de nuestras decisiones gubernamentales.
Esta es, señor Álvaro, mi más cercana aproximación. La globalización no es más que la posibilidad de estar en el mundo, y de tener al mundo en nuestras manos.
Leiha
Una mirada al undo real....
DE LA MUERTE Y SUS RITOS
Cae la tarde pesada sobre los techos de zinc llenando con su sonido de estruendo el silencio que reina en la sala de una casa derruida por el sol, el tiempo y uno de los más azotadores y tempestuosos inviernos de los últimos años.
Sobre la calle empedrada se erige la casa de palitos construida por el esfuerzo del que ahora es esperado por todos.
En la calle, los ojos de los curiosos se asoman por entre las rendijas de sus ventanas cubiertas con anjeo para evitar los mosquitos vespertinos. Sin embargo, nadie se atreve a salir. Todos esperan a que el amigo más cercano llegue y así abra el paso a los otros allegados.
Todo está en calma a pesar de la tragedia. Nadie se atreve a decirle aún nada a la viuda que, elevada y aún sin haber tenido consciencia de cambiarse las vestimentas para ponerse un luto más pertinente, tiene la vista fija en el horizonte como si fuera una fotografía vieja, en espera de los restos mortales del marido.
Los niños de la calle se pasean, caen, deslizan sus manos sobre el mantel que carga con los velones y la foto del muerto. La hermana de la viuda se asoma por la cortina que separa la cocina para contar los pocillos de aromática de toronjil que debe llevar a la sala, y, aún, todo sigue en calma.
Del otro lado de la ciudad, la misma escena se torna opuesta. Los visitantes recorren un recinto adornado de flores que apestan el ambiente con su olor a muerto. El velatorio se torna una reunión de amigos y otros no tanto, que se han acercado a hacer presencia ante la viuda que charla con todos y, a cada uno, les cuenta los pormenores de su tragedia, que al fin y al cabo no es tanta, pues siempre al final concluye con un:”era mejor así, el pobre estaba sufriendo mucho ya”.
En la mitad del salón, el muerto yace casi desde su defunción, a la espera de los ojos de los chismosos que se pasean, pues la casa funeraria se hizo cargo desde su salida de la clínica en donde falleció, hasta de las medias, saco y corbata que se llevará puestas al otro mundo.
La viuda y sus hijos hablan, saludan, ríen y se regocijan con los asistentes, en esta reunión social, desde el principio todo ha estado en calma…
EL DOLOR DE UNA PARTIDA
Ya casi entrada la noche, en la casa de palitos que ahora sirve de velatorio, las cosas comienzan a cambiar. Se escucha un murmullo de las gentes agolpadas a la puerta que ya han visto acercarse a un carro largo que trae el fin los restos mortales del marido de la viuda que comienza a salir de su pesado letargo.
El carro se detiene, la viuda se levanta y sale despavorida dando gritos de dolor y se abalanza sobre el cajón de madera de pino en donde regresa a casa aquel que le hubo servido de compañero, de amigo y de amante durante los últimos 33 años.
Los ayudantes de la funeraria instalan los parales de hierro que deberán sostener la caja mortuoria durante el resto de la noche, antes que llegue la hora de partir hasta el último sitio de reposo.
Mientras toda la parafernalia se construye a la vista de los dolientes, la viuda ha encontrado el modo de adherirse al cajón dando gritos de dolor y preguntándose el porqué de su tragedia, si aún con su grave e incurable cáncer de pulmón, al hombre aún le quedaban muchos años por delante.
Después de tanto llorar y hasta de proferir insultos contra quienes quieren alejarla de su marido, la viuda por fin se queda dormida producto del cansancio y la fatiga que causa el dolor…
Pero al mismo tiempo, en la casa de velación todo se torna contrario. Las gentes van desapareciendo poco a poco, despidiéndose con besos y uno que otro golpe en la espalda de los familiares dolientes.
Al final de la noche, cuando ya todos se han marchado, la viuda y sus hijos le dan un último vistazo a la caja que contiene los restos del esposo y padre, miran a su alrededor buscando lo que se les ha podido quedar, y parten a casa para descansar antes del ajetreado día que prosigue, y dejando al muerto solo, acompañado por cuatro velones que posteriormente deberán ser apagados por los vigilantes para evitar un incendio.
EL ÚLTIMO ADIOS
Ya entrada la mañana, en la casa se escucha el último réquiem de quien se ha dado a la tarea de rezar por el alma del difunto. De pronto la viuda, ya vestida con sus ropas de luto, se levanta de su catre y se acerca a la caja para corroborar su triste realidad. Irrumpe en llanto dando gritos aún más fuertes que los de la noche anterior.
La mañana transcurre rápidamente y cuando son aproximadamente las nueve aparece de nuevo el carruaje mortuorio trayendo a dos hombres con caras largas que cargan al muerto entre los gemidos de dolor de todos los asistentes. Suben a la viuda en la parte delantera del carro funerario, y comienzan el recorrido que los llevará a la última morada terrenal del difunto.
El carro va despacio por las calles, seguido de un alud de personas que acompañan a la viuda y al muerto y que lloran y profieren oraciones y que cargan en sus manos flores que posteriormente tirarán en la fosa del cementerio.
Los curiosos se asoman y se persignan al paso de la corte fúnebre, rezan al unísono: “concédele Señor el descanso eterno y brille para él la luz perpetua…que descanse en paz…Amén”.
La corte entra al cementerio, la viuda desciende de la carroza, amigos del muerto toman el cajón en sus hombros y lo transportan hacia el bloque donde está su fosa. Lo bajan, el enterrador espera impaciente con un balde de cemento a un lado y la plancha que servirá de tapa para evitar la propagación de los olores nauseabundos que emanan de los muertos. Los hombres se acercan con el cajón, la viuda se abre paso dando gritos aún más fuertes que cuando parió a sus tres hijos. Las gentes se agolpan para presenciar con morbo la entrada del muerto a la fosa, le gritan adioses, le tiran flores y piedrecitas, tocan la caja, la golpean…
Entre los asistentes se escucha con voz casi inaudible:”Entiérrenlo de espaldas para que no salga en las nueve noches”.
El enterrador mira por encima del hombro y se apura en sellar la fosa mientras los hijos de la viuda la agarran para evitar que se abalance sobre el muerto. Uno a uno, los amigos se van retirando y, al final de la mañana, la viuda exhausta sale del cementerio ya gimiendo, ya abatida…
El enterrador sale en carreras a buscar un poco más de mezcla de cemento y arena al ver que se acerca otro cortejo, esta vez, lleno de carros recién lavados y atestados de gentes elegantemente vestidas. La viuda viene con sus hijos detrás de la carroza. Tranquila desciende de su automóvil, vestida con las galas apropiadas y cubriendo sus ojos con lentes oscuros del sol ardiente que abrasa las casi once de la mañana.
Se acercan todos al mausoleo familiar mandado a hacer desde que el esposo contrajera esa terrible enfermedad que se lo llevó a la tumba. Los cuatro hombres vestidos elegantemente y contratados por la funeraria, depositan el cadáver en la casita de mármol mientras se escucha uno que otro llanto esparcido en el viento.
El enterrador no espera por las flores ni las piedrecitas. Con su aire de importante toma con total ceremonia la plancha de cemento y al coloca en su lugar, y antes de que la haya terminado de fijar en su sitio, la viuda, sus hijos y los demás acompañantes ya se han marchado a sus autos con aire acondicionado lejos del calor del mediodía que se acerca.
Todo vuelve a quedar en calma. Lejos ya de ritos o costumbres, los muertos guardan reposo hasta que al fin la descomposición los vuelva a todos, ricos o pobres en el mismo saco de huesos y podredumbre en el que cada uno de los mortales ha de convertirse al final.
LOS RITOS DEL RECUERDO
Ya de regreso en la casa que sirviera de funeraria improvisada, los amigos de la viuda se acercan a darle las condolencias y a organizar el altar del muerto. Con una ceremonia parsimoniosa traen la mesa, el mantel blanco, las flores que quedaron de las que se llevaron al cementerio para echárselas al difunto, la foto del mismo rebuscada entre los recuerdos que amenazan con lacerar el alma, y el vaso de vidrio lleno de agua que el muerto vendrá a tomarse durante las próximas nueve noches.
Cae la tarde y llega la noche con su cielo brillante atestado de estrellas e iluminado con una media luna triste e inquisidora y comienza el rito del novenario que será repetitivo hasta que el difunto se haya ido del todo, pues durante las nueve noches que siguen, él seguirá rondando la casa, recogiendo los pasos y buscando la manera de llevarse a su ser más querido. Conscientes de eso, los organizadores del novenario se atavían de oraciones póstumas y, lo más importante de todo, las camándulas que servirán para rezar el rosario que evitará que el difunto se lleve a los vivos.
Pero todo no son más que ritos. Bajo toda esta parafernalia mortuoria, yace la intención tácita de no dejar que el olvido vaya carcomiendo el recuerdo de un ser querido que se ha ido para siempre.
LEIHA
Sobre la calle empedrada se erige la casa de palitos construida por el esfuerzo del que ahora es esperado por todos.
En la calle, los ojos de los curiosos se asoman por entre las rendijas de sus ventanas cubiertas con anjeo para evitar los mosquitos vespertinos. Sin embargo, nadie se atreve a salir. Todos esperan a que el amigo más cercano llegue y así abra el paso a los otros allegados.
Todo está en calma a pesar de la tragedia. Nadie se atreve a decirle aún nada a la viuda que, elevada y aún sin haber tenido consciencia de cambiarse las vestimentas para ponerse un luto más pertinente, tiene la vista fija en el horizonte como si fuera una fotografía vieja, en espera de los restos mortales del marido.
Los niños de la calle se pasean, caen, deslizan sus manos sobre el mantel que carga con los velones y la foto del muerto. La hermana de la viuda se asoma por la cortina que separa la cocina para contar los pocillos de aromática de toronjil que debe llevar a la sala, y, aún, todo sigue en calma.
Del otro lado de la ciudad, la misma escena se torna opuesta. Los visitantes recorren un recinto adornado de flores que apestan el ambiente con su olor a muerto. El velatorio se torna una reunión de amigos y otros no tanto, que se han acercado a hacer presencia ante la viuda que charla con todos y, a cada uno, les cuenta los pormenores de su tragedia, que al fin y al cabo no es tanta, pues siempre al final concluye con un:”era mejor así, el pobre estaba sufriendo mucho ya”.
En la mitad del salón, el muerto yace casi desde su defunción, a la espera de los ojos de los chismosos que se pasean, pues la casa funeraria se hizo cargo desde su salida de la clínica en donde falleció, hasta de las medias, saco y corbata que se llevará puestas al otro mundo.
La viuda y sus hijos hablan, saludan, ríen y se regocijan con los asistentes, en esta reunión social, desde el principio todo ha estado en calma…
EL DOLOR DE UNA PARTIDA
Ya casi entrada la noche, en la casa de palitos que ahora sirve de velatorio, las cosas comienzan a cambiar. Se escucha un murmullo de las gentes agolpadas a la puerta que ya han visto acercarse a un carro largo que trae el fin los restos mortales del marido de la viuda que comienza a salir de su pesado letargo.
El carro se detiene, la viuda se levanta y sale despavorida dando gritos de dolor y se abalanza sobre el cajón de madera de pino en donde regresa a casa aquel que le hubo servido de compañero, de amigo y de amante durante los últimos 33 años.
Los ayudantes de la funeraria instalan los parales de hierro que deberán sostener la caja mortuoria durante el resto de la noche, antes que llegue la hora de partir hasta el último sitio de reposo.
Mientras toda la parafernalia se construye a la vista de los dolientes, la viuda ha encontrado el modo de adherirse al cajón dando gritos de dolor y preguntándose el porqué de su tragedia, si aún con su grave e incurable cáncer de pulmón, al hombre aún le quedaban muchos años por delante.
Después de tanto llorar y hasta de proferir insultos contra quienes quieren alejarla de su marido, la viuda por fin se queda dormida producto del cansancio y la fatiga que causa el dolor…
Pero al mismo tiempo, en la casa de velación todo se torna contrario. Las gentes van desapareciendo poco a poco, despidiéndose con besos y uno que otro golpe en la espalda de los familiares dolientes.
Al final de la noche, cuando ya todos se han marchado, la viuda y sus hijos le dan un último vistazo a la caja que contiene los restos del esposo y padre, miran a su alrededor buscando lo que se les ha podido quedar, y parten a casa para descansar antes del ajetreado día que prosigue, y dejando al muerto solo, acompañado por cuatro velones que posteriormente deberán ser apagados por los vigilantes para evitar un incendio.
EL ÚLTIMO ADIOS
Ya entrada la mañana, en la casa se escucha el último réquiem de quien se ha dado a la tarea de rezar por el alma del difunto. De pronto la viuda, ya vestida con sus ropas de luto, se levanta de su catre y se acerca a la caja para corroborar su triste realidad. Irrumpe en llanto dando gritos aún más fuertes que los de la noche anterior.
La mañana transcurre rápidamente y cuando son aproximadamente las nueve aparece de nuevo el carruaje mortuorio trayendo a dos hombres con caras largas que cargan al muerto entre los gemidos de dolor de todos los asistentes. Suben a la viuda en la parte delantera del carro funerario, y comienzan el recorrido que los llevará a la última morada terrenal del difunto.
El carro va despacio por las calles, seguido de un alud de personas que acompañan a la viuda y al muerto y que lloran y profieren oraciones y que cargan en sus manos flores que posteriormente tirarán en la fosa del cementerio.
Los curiosos se asoman y se persignan al paso de la corte fúnebre, rezan al unísono: “concédele Señor el descanso eterno y brille para él la luz perpetua…que descanse en paz…Amén”.
La corte entra al cementerio, la viuda desciende de la carroza, amigos del muerto toman el cajón en sus hombros y lo transportan hacia el bloque donde está su fosa. Lo bajan, el enterrador espera impaciente con un balde de cemento a un lado y la plancha que servirá de tapa para evitar la propagación de los olores nauseabundos que emanan de los muertos. Los hombres se acercan con el cajón, la viuda se abre paso dando gritos aún más fuertes que cuando parió a sus tres hijos. Las gentes se agolpan para presenciar con morbo la entrada del muerto a la fosa, le gritan adioses, le tiran flores y piedrecitas, tocan la caja, la golpean…
Entre los asistentes se escucha con voz casi inaudible:”Entiérrenlo de espaldas para que no salga en las nueve noches”.
El enterrador mira por encima del hombro y se apura en sellar la fosa mientras los hijos de la viuda la agarran para evitar que se abalance sobre el muerto. Uno a uno, los amigos se van retirando y, al final de la mañana, la viuda exhausta sale del cementerio ya gimiendo, ya abatida…
El enterrador sale en carreras a buscar un poco más de mezcla de cemento y arena al ver que se acerca otro cortejo, esta vez, lleno de carros recién lavados y atestados de gentes elegantemente vestidas. La viuda viene con sus hijos detrás de la carroza. Tranquila desciende de su automóvil, vestida con las galas apropiadas y cubriendo sus ojos con lentes oscuros del sol ardiente que abrasa las casi once de la mañana.
Se acercan todos al mausoleo familiar mandado a hacer desde que el esposo contrajera esa terrible enfermedad que se lo llevó a la tumba. Los cuatro hombres vestidos elegantemente y contratados por la funeraria, depositan el cadáver en la casita de mármol mientras se escucha uno que otro llanto esparcido en el viento.
El enterrador no espera por las flores ni las piedrecitas. Con su aire de importante toma con total ceremonia la plancha de cemento y al coloca en su lugar, y antes de que la haya terminado de fijar en su sitio, la viuda, sus hijos y los demás acompañantes ya se han marchado a sus autos con aire acondicionado lejos del calor del mediodía que se acerca.
Todo vuelve a quedar en calma. Lejos ya de ritos o costumbres, los muertos guardan reposo hasta que al fin la descomposición los vuelva a todos, ricos o pobres en el mismo saco de huesos y podredumbre en el que cada uno de los mortales ha de convertirse al final.
LOS RITOS DEL RECUERDO
Ya de regreso en la casa que sirviera de funeraria improvisada, los amigos de la viuda se acercan a darle las condolencias y a organizar el altar del muerto. Con una ceremonia parsimoniosa traen la mesa, el mantel blanco, las flores que quedaron de las que se llevaron al cementerio para echárselas al difunto, la foto del mismo rebuscada entre los recuerdos que amenazan con lacerar el alma, y el vaso de vidrio lleno de agua que el muerto vendrá a tomarse durante las próximas nueve noches.
Cae la tarde y llega la noche con su cielo brillante atestado de estrellas e iluminado con una media luna triste e inquisidora y comienza el rito del novenario que será repetitivo hasta que el difunto se haya ido del todo, pues durante las nueve noches que siguen, él seguirá rondando la casa, recogiendo los pasos y buscando la manera de llevarse a su ser más querido. Conscientes de eso, los organizadores del novenario se atavían de oraciones póstumas y, lo más importante de todo, las camándulas que servirán para rezar el rosario que evitará que el difunto se lleve a los vivos.
Pero todo no son más que ritos. Bajo toda esta parafernalia mortuoria, yace la intención tácita de no dejar que el olvido vaya carcomiendo el recuerdo de un ser querido que se ha ido para siempre.
LEIHA
NADIE SE MUERE EN LA VÍSPERA
A Jaime lo mataron a las cuatro de la mañana. Fue una muerte trágica de esas que suelen pasarles a las gentes del sinú. El señor que repartía la leche lo vio tirado en la boca de la vía que conduce al corregimiento de Guateque lleno, según sus propias palabras, de tantas balas como las que corrieron en el monte cuando los guerrilleros vinieron a matar a la chusma por allá en el año cuarenta y ocho.
Había salido de la casa a eso de las tres de la mañana, a buscar la carne que le tocaba vender según era su trabajo.
Cuando se despertó, descolgó los tenis del escaparate y tratando de hacer el menor ruido posible comenzó a vestirse. Su mujer se levantó casi de inmediato y, tocándole la espalda le pidió un ratito más en la cama…lo que según ella le hubiera salvado la vida, pero lo que su mujer no sabía es que nadie se muere en la víspera.
Salio Jaime de la casa, camiseta verde, pantaloneta blanca, rumbo al expendio, cuando, de repente, la camioneta gris 4x4, veinticuatro válvulas lo sorprendió y sin aviso lo llevó al que fuera su último destino.
El señor de la esquina que hasta los últimos días se había quejado de la sordera senil que lo acosaba lo vio todo, pero aún si hubiera gritado despavorido no hubiera podido evitar la tragedia porque uno se muere el día que le toca.
Lo que paso dentro del carro sigue siendo un misterio. Lo único que se sabe es que a ese mismo carro lo vieron dando vueltas por las finquitas que quedan para esa vía, y ya para las siete de la mañana estaba el muerto tirado en la mitad de la carretera con tantas balas dentro que lo dejaron como un colador de huequitos.
Pero el señor de la leche sabe que lo mataron a las cuatro de la mañana porque antecitos de esa hora él iba en su ruta de ida a la finca y no había nada. Para su regreso ya la tragedia estaba servida en la mitad de la carretea, y no hubiera descubierto que era Jaime, si, cuando pasó por la esquina de si casa a las tres y media de la mañana no lo hubiera visto cerrar la puerta camiseta verde, pantaloneta blanca.
Leiha
A una muerte inesperada...
Había salido de la casa a eso de las tres de la mañana, a buscar la carne que le tocaba vender según era su trabajo.
Cuando se despertó, descolgó los tenis del escaparate y tratando de hacer el menor ruido posible comenzó a vestirse. Su mujer se levantó casi de inmediato y, tocándole la espalda le pidió un ratito más en la cama…lo que según ella le hubiera salvado la vida, pero lo que su mujer no sabía es que nadie se muere en la víspera.
Salio Jaime de la casa, camiseta verde, pantaloneta blanca, rumbo al expendio, cuando, de repente, la camioneta gris 4x4, veinticuatro válvulas lo sorprendió y sin aviso lo llevó al que fuera su último destino.
El señor de la esquina que hasta los últimos días se había quejado de la sordera senil que lo acosaba lo vio todo, pero aún si hubiera gritado despavorido no hubiera podido evitar la tragedia porque uno se muere el día que le toca.
Lo que paso dentro del carro sigue siendo un misterio. Lo único que se sabe es que a ese mismo carro lo vieron dando vueltas por las finquitas que quedan para esa vía, y ya para las siete de la mañana estaba el muerto tirado en la mitad de la carretera con tantas balas dentro que lo dejaron como un colador de huequitos.
Pero el señor de la leche sabe que lo mataron a las cuatro de la mañana porque antecitos de esa hora él iba en su ruta de ida a la finca y no había nada. Para su regreso ya la tragedia estaba servida en la mitad de la carretea, y no hubiera descubierto que era Jaime, si, cuando pasó por la esquina de si casa a las tres y media de la mañana no lo hubiera visto cerrar la puerta camiseta verde, pantaloneta blanca.
Leiha
A una muerte inesperada...
REPROCHES
La tarde se calma como la tierra cuando cae la lluvia.
El sol se asoma lánguido por entre las hojas buscando un destino cotidiano.
Los días amenazan iguales que las sombras que dejan los sueños inconclusos en la larga carretera del olvido.
...presiento que te he olvidado...escucho tu voz lejana y turbia como el agua de los río atestada de los residuos nauseabundos de la humanidad...
Pero estás ahí...en cada letra que emerge de lo profundo, en el sabor de la leche cortada, en el olor de una mañana sin rocío, en la mariposa que vuela presurosa a posarse en la ampola...y te veo!
Mientras te sienta con cada fibra de mi cuerpo y aún vivo entre mis manos no se curarán las heridas de la ausencia...
¿Qué has perdido tú?...Responde...
Acaso perdiste mis ojos?...Acaso perdiste mis manos?...Mis besos...mis sonrisas?
Aquí estoy...¿No me ves?...sigo aquí, donde me dejaste por la seductora muerte...
No mi bien..tú...tú no has perdido nada...yo sigo aquí, y sin tí, lo he perdido todo!
Leiha
El sol se asoma lánguido por entre las hojas buscando un destino cotidiano.
Los días amenazan iguales que las sombras que dejan los sueños inconclusos en la larga carretera del olvido.
...presiento que te he olvidado...escucho tu voz lejana y turbia como el agua de los río atestada de los residuos nauseabundos de la humanidad...
Pero estás ahí...en cada letra que emerge de lo profundo, en el sabor de la leche cortada, en el olor de una mañana sin rocío, en la mariposa que vuela presurosa a posarse en la ampola...y te veo!
Mientras te sienta con cada fibra de mi cuerpo y aún vivo entre mis manos no se curarán las heridas de la ausencia...
¿Qué has perdido tú?...Responde...
Acaso perdiste mis ojos?...Acaso perdiste mis manos?...Mis besos...mis sonrisas?
Aquí estoy...¿No me ves?...sigo aquí, donde me dejaste por la seductora muerte...
No mi bien..tú...tú no has perdido nada...yo sigo aquí, y sin tí, lo he perdido todo!
Leiha
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

